Con mi obra invito a reflexionar sobre cómo nos relacionamos con nosotros mismos, con nuestro cuerpo y con sus aspectos más íntimos. Busco ahondar en nuestras acciones y en los vínculos que establecemos con nuestro propio ser, reconociendo que estos son parte integral no solo de nuestro presente, sino también de nuestro futuro.
Elijo al caballo – un símbolo ancestral y universal en nuestra cultura – para conectar con la parte más primal de nuestro ser, evocando la libertad y la fortaleza como elementos esenciales para explorar nuestra experiencia corporal desde una perspectiva auténtica, libre de las influencias de nuestra cultura de consumo y la revolución tecnológica (conceptos tratados por el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman y el sociólogo y antropólogo David Le Bretón). En este contexto, la figura humana (principalmente el cuerpo de mujeres) aparece desnuda, dinámica y sin censura, permitiendo un reconocimiento más sincero de nuestro cuerpo en contraste con la presión constante de la exposición en la actualidad.