MIS PAISAJES

En “El elogio del caminar”, David Le Breton nos habla que recurrir al bosque, a las rutas o a los senderos, no nos exime de nuestra responsabilidad, cada vez mayor, con los desórdenes del mundo, pero nos permite recobrar el aliento y agudizar los sentidos.

En mis paisajes hay una pausa en el tiempo, el silencio y los colores se funden entre la piedra y el cielo; buscan ser espacios terrestres de otro lugar, de otros mundos, mis mundos. Sueños, superficies, huellas, polvo, rastros de lo que ya fue, del movimiento pasado, otras vidas, otros tiempos, sutil memoria de los que fueron o los que vendrán.

Caminar es un rodeo para reencontrarse con uno mismo. La marcha es una huida, una forma de darle esquinazo a la modernidad. Un atajo en el ritmo desenfrenado de nuestras vidas, un método tranquilo de reencantamiento del tiempo y del espacio. Ahondo en el silencio de aquellos paisajes buscando renovar la curiosidad y conectar nuevamente con nosotros.

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